Olfato al rescate del secuestro amigdalino
El sentido del olfato es, sin duda, nuestro mayor aliado para hacer frente al mundo que nos rodea. Nos sirve para relacionarnos con el medio. Los olores nos alertan, nos hacen huir o atacar, nos conectan con momentos de nuestro pasado y nos hacen revivir sentimientos y emociones. Cuando nacemos, lo primero que hacemos es seguir el rastro de la leche materna. Y, gracias a él, somos capaces de relajarnos solo con oler a nuestra madre. Así pues, podemos afirmar q ue el olfato es un sentido intrínsicamente relacionado con el instinto de supervivencia A menudo no le damos importancia y lo valoramos cuando lo perdemos, como cuando tenemos la nariz tapada: entonces, la comida no sabe a nada y el mundo exterior se nos antoja muy lejano. Una vez los recuperamos, recobramos el apetito y nos sentimos más posi tivos y con energía renovadas. Pues los olores son capaces de activar todas las regiones emocionales del cerebro ; esto es debido a la interconexión de las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de ambas sensaciones, siendo el sistema límbico y en especial la amígdala el centro integrador por excelencia.
El sistema olfatorio es único entre los sistemas sensoriales por varios motivos, el principal de ellos es que no hace su primer relevo sináptico en el tálamo.
Cuando las moléculas volátiles que componen el olor penetran por nuestra nariz a la cavidad nasal, las partículas del aroma son captadas por el epitelio olfatorio donde se encuentran millones de células receptoras, y éstas llevan los mensajes a los bulbos olfatorios del cerebro. Desde el bulbo olfatorio, el mensaje odorífico se transmite por dos vías. Una de ellas se dirige a la corteza primaria, área de integración de la información olfatoria. La segunda vía, llega a la corteza piriforme, con el sistema límbico como centro integrador de las respuestas emocionales, el aprendizaje y la memoria. Esto es así porque la amígdala (órgano del sistema límbico) conecta ese aroma con una emoción y el hipocampo relaciona ese aroma con un
recuerdo en la memoria. De ahí, la capacidad evocadora de los olores, que nos retrotraen a momentos vividos y genera unas respuestas vegetativas en nuestro organismo imposibles de controlar.
NEUROCIENCIA DEL OLFATO
La aromacología es una ciencia desarrollada desde 1989 por el Sense of Smell Institute (SSI) que se dedica al estudio de la interrelación entre la psicología y los olores. Las teorías de la aromacología tienen una sólida base neurobiológica que establece relaciones verificables mediante la experimentación, y se expresa cuantitativamente. Dicha ciencia sólo está relacionada con los efectos temporales de una fragancia sobre los sentimientos y emociones, y con los efectos que se dan mediante la estimulación de las vías olfativas en el cerebro, especialmente en el sistema límbico. Utiliza como indicadores la actividad eléctrica en el cerebro, el ritmo cardíaco, la conducción de la piel, los cambios en las funciones cognoscitivas tales como la memoria y el comportamiento voluntario e involuntario, ante estímulos de los diferentes aromas que pueden ser agradables o desagradables.
Algunos de los resultados de las investigaciones en aromacología son los siguientes:
• Ondas cerebrales: el aroma de jazmín incrementa las ondas beta que se presentan con mayor frecuencia en estados de concentración o de alta emotividad; mientras que el aroma a sándalo y pino aumentan la generación de ondas alfa, que es la frecuencia cerebral dominante en estados de relajación.
• La presión arterial baja con el aroma de nerolí y valeriana.
• La micro vibración es un fino temblor observado en los animales de sangre caliente influenciado por la tensión muscular. Este indicador disminuyó con los aromas de naranja y lavanda. Los aromas de jazmín, manzanilla y almizcle aumentaron la micro vibración y con ello, la tensión muscular.
• Constricción vaso periférica, asociado al estrés psicológico. El jazmín y la pimienta tienen efectos relajantes.
• Ritmo cardíaco: la desaceleración del ritmo cardíaco se favorece con los aromas dulces, en especial con el de rosas. Con el aroma de limón se desacelera debido a una mayor concentración ante un estímulo de alerta, la mente se anticipa.
• Capacidad de respuesta: el jazmín reduce el tiempo de reacción ante una decisión mientras que la lavanda lo aumenta.
• Pruebas de aprendizaje: los aromas que resultaban agradables a los participantes aumentaron la capacidad de memorizar. Eran limón, eucalipto y lirio. También se encontró que la lavanda, la rosa y la naranja aumentan la relajación mental mientras que el jazmín, la manzanilla y el almizcle estimulan la mente.
• Otras pruebas demostraron que el aroma de heliotropo reduce el estrés y la ansiedad.
• Los aromas agradables permiten recordar momentos placenteros, mientras que los desagradables inhiben estos recuerdos. Además, los cambios en las cualidades emocionales inducidos por los aromas han sido aprendidos como resultado del contexto en el cual fueron inicialmente experimentados.
Secuestro amigdalino
La amígdala puede secuestrar diferentes partes del cerebro, esto significa que toma el control de muchas partes de este. El tiempo durante el cual estamos secuestrados por la amígdala se llama período refractario, y durante ese tiempo, solo podemos recuperar información que está en la amígdala.
Cuando estamos muy enfadados hay una gran excitación de la amígdala y tiene la enorme capacidad de que solo veamos lo que ella quiere que veamos, en este caso, el enfado y solo encontraremos razones para confirmar por qué lo estamos. Por eso la neurociencia está muy interesada en todo aquello que inhiba la amígdala.
El secuestro amigdalino lo descubrió Joseph LeDoux, catedrático de la Universidad de Columbia de Nueva York.
Una vez un periodista fue a hacerle una entrevista, en el año 1984 y quedó muy impactado por el descubrimiento, porque esto nos da mucha información sobre cómo se gestionan las emociones y cómo algunas veces nos vemos sometidos a una emoción sin darnos cuenta.
El periodista escribió un artículo en una gran revista, aquel artículo se hizo muy famoso y el periodista escribió un libro. Este periodista era Daniel Goleman y el libro que escribió es “Inteligencia Emocional” que se convirtió en un best-seller a nivel mundial.
Joseph LeDoux tiene un grupo de música que se llama “Los amigdalinos” y suele decir en los congresos de forma muy jocosa, que él descubrió el secuestro amigdalino, pero Goleman escribió el libro, y el millonario es él.
SAL Y ¡HUELE EL MUNDO!